lunes, 21 de noviembre de 2016

Cuando Charlton Heston inspiró a Indiana Jones


Cuando uno ve el vestuario del personaje de Charlton Heston en El secreto de los incas es inevitable la reminiscencia a Indiana Jones. No parece una mera casualidad aunque el film de Jerry Hopper se estrenó casi 30 años antes que la saga de Spielberg y Lucas.

Si a la campera de aviador y el sombrero le sumamos las incursiones en el mundillo de la arqueología, el film, sin dudas, fue influencia para el personaje de Harrison Ford

Charlton Heston es Harry Steele quien justo al oportunista Ed Morgan (Thomas Mitchell) llegaron al Perú atraídos por la leyenda del oro de los incas. Según esa leyenda, el imperio de los incas dejó un fabuloso tesoro sagrado de oro y piedras preciosas que fue robado del templo del Sol, hace ya varios siglos, y que se conserva en la tumba de Manco, el último rey. Harry tiene un fragmento de un antiguo mapa tallado en piedra que indica la situación de la tumba. Queriendo anticiparse a Ed Morgan, se apodera del avión particular del cónsul rumano y se marcha con Elena Antonescu (Nicole Maurey) a Machu-Picchu, en busca del tesoro.

Pero si la reseña del film arrancó en este tren de comparaciones con Indiana Jones, bien vale hacer la principal distinción: la acción.

En El secreto de los Incas (1954) la aventura parece llegar solo en el final cuando Morgan es perseguido por los nativos y luego por el mismo Steele hasta llegar a un abismo del que caerá tras perder el disco de oro. Aquí es donde se extrañan la andanzas constantes, el vértigo permanente de Jones, que a riesgo de polemizar me atrevo a defender aún en su último film, El reino de la calavera de cristal, donde la edad podría haber puesto a Harrison Ford en un rol menos activo.

Por lo demás, El secreto de los incas es un film muy entretenido, que si no hace mover demasiado a sus personajes, al menos los hace hablar e intrigar para poder quedarse con ese disco dorado, leyenda inca.

El guión de Sydney Boehm y Ranald MacDougall tiene el sotén de un juvenil Heston,ya con su porte de figura, que se carga al hombro este trabajo donde encarna a un aventurero con poca moral que posee aquella piedra con el mapa y el secreto del disco dorado del los incas. Morgan se entera que Harry posee ese secreto así que lo hace vigilar constantemente y lo amenaza para que le entregue el mapa. Mientras tanto, el aventurero conoce a esa misteriosa Elena que huyó de Europa, trabaja e un club nocturno de La Paz y ahora quiere escapar hacia México. Cuando Harry consigue un avión la mujer no duda  El aventurero se la lleva, pero aterrizan mucho antes de llegar al país de los Aztecas, en Perú. Allí tendremos un valioso aporte de imágenes de Cuzco con su estética colonial. Luego, al enterarse que están en Machu Pichu, caminan hasta la ciudadela y allí encuentran la expedición arqueológica que está tras los rastros del disco en la tumba del último rey de los incas. 

Pasarán en ese campamento varios días donde el aventurero se hace pasar por el piloto de la mujer que se ha quedado sin combustible y espera que lleven hasta allí fluidos.

Y de improviso aparece Morgan, ese mercader que ha seguido los pasos de Heston y ya no piensa separarse de él. Una noche el aventurero se escurre de la cueva donde duerme a punta de revólver y se adentra en la tumba de Manco, logrando encontrar el disco. Sobrevine lo dicho. Morgan lo siguen, le quita el disco y huye mientras todo el pueblo ya está alertado y corre para lincharlo. Morgan trepa y en un acantilado se enfrente a Steele, que le quita la pieza haciéndolo caer. 

Pero el tiempo pasado en esa excavación contemplando esas manifestaciones tan devotas de los nativos no ha sido en vano: Harry parece haber recapacitado y se presenta ante los nativos y arqueólogos para entregar el disco. Esta inspiración el el personaje de Steele, el cambio de un materialista a una figura con respeto por las expresiones y tradiciones populares es lo que reluce en el film. Una ruptura con la psicología del personaje como aquella del Coronel Nicholson en El puente sobre el río Kwai, la novela de Pierre Boulé, donde el militar empieza respetando un sentido del deber patriótico y acaba anteponiendo la obra personal -la construcción de un puente- a los intereses de su país. 

El trabajo de Jerry Hopper tiene, por un lado, ese lado musical en pleno Machu Pichu gracias a la presencia de la soprano peruana Yma Súmac (Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo). De la mano de esta artista que saltó a la fama con su estilo de voz y la gracia con que supo interpretar la música autóctona de su patria se hace una muestra de los rituales nativos con tanto detalle que el film ha sido marcado como no de los iniciadores del turismo estadounidense en Perú. Tras este trabajo se empezó a poner de moda y llegaron los primeros contingentes que empezaron a dejar divisas hasta entonces desconocidas y Machu Pichu dejó de ser un lugar sólo para catedráticos y científicos.

Por el otro están las locaciones reales, con imágenes rodadas en el mismísimo Perú donde podremos ver entre otras cosas la ciudad perdida de los incas. En realidad lo que pareciera es que las escenas con actores fueron rodadas en estudios y a estas le agregaron las secuencias obtenidas en el real Cuzco y Machu Pichu. Si se presta atención, las diferencias cuando vemos a los actores y a los extras son evidentes.

Luego de su paso por el Perú a Heston le esperaba la gloria: Los 10 mandamientos (1956), Sed de mal (1958) con Orson Welles y Ben Hur (1959). Sin duda uno de los más grandes que ha dado el cine de Hollywood. 




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